Humor insano para un tercio de la familia.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Oscar, el Murcielago Ninja II - Retribución: la Venganza Tiene Alas Negras.

14:15 Posted by Simón No comments
He vivido muchas cosas a mis 21 años, los que me conocen atestiguan con sangre que mi característica principal es básicamente atraer cualquier tipo de situación insólita o excepcional. Por ejemplo (doy uno concreto por si no leíste algo mío o no me conoces);

Caminando con mi prima, ella visitando la capital, le comentaba sobre esta particularidad.
- Pero ¿cómo?
- Es así, yo haga lo que haga, eventualmente, por lo menos una vez por semana se me va a presentar una circunstancia que en cualquier contexto es completamente incoherente.
- Vas a tener que ser mas concreto Simón, no te entiendo una goma.
- Suponete que ahora vamos al Gran Rex y queremos sacar entradas para ver a, no sé, Freddy Mercury, entonces--
- Freddy Mercury se murió hace como 20 años.
- Bueno, pero en este caso, de alguna manera reviviría exclusivamente para dar un show en Buenos Aires y nosotros probablemente terminemos detrás de escena afinando instrumentos.
- Pero ni vos ni yo sabemos cero sobre instrumentos
- Bueno POR ESO. ¿entendés?
- No.

Instantáneamente, y con esto no jodo, una marcha de MARIACHIS, en fila india, en plena Callao, un miércoles a las 8 p.m, desfila frente a nosotros. Y no hablo de tres o cuatro mariachis, hablo de cientos. Una multitud de mariachis, todos caminando a dios sabe donde, imagino una convención de mariachis. Por cierto, si alguien sabe donde se celebran estas reuniones me encantaría estar informado por... razones.

En fin, el punto es que mi vida es acompasada por estos pequeños momentos. Algunos lo llamarán maldición, otros bendición y yo lo llamo "gran posibilidad de sufrir un bobazo a toda hora". ¿para tanto? sí ¿o te olvidaste de Oscar?

Todos creíamos que Oscar, el murciélago que se creía amazona y se aventuró en mi habitación aquella fatídica noche de invierno, había muerto... El destino se encargó de demostrarme que no. Esta es la historia de como yo, Simón J. Manzur, me enfrenté a mi archi-némesis;

Tras un fin de semana de mucho labor, por muy contradictorio que suene, llamé a Lulu y Charley para cenar y así cerrar un domingo tranquilo. Discutimos varias horas sobre temas políticos, cientificos, evolutivos (Charley insiste en que los dinosaurios son una teoría tan válida como Adan y Eva), religiosos y por supuesto el porcentaje de plástico en la anatomía de Moria Casán, parte de la extensa tésis redactada por mi amiga Lu. Mientras degustabamos un pollo y dos muzzas, debatiamos con la boca llena, escupiendo carozos de aceituna y huesos masticados. En la radio sonaba el fantástico Raphael, con su hit eterno "Escándalo".
Suena el timbre del pasillo, es decir, no el portero de abajo, si no el timbre que da directo al ascensor. Inmediatamente, tras el histérico zumbido unos golpes que denotaban desesperación se hicieron oír al instante. Conté a mis amigos al rededor de la mesa, eramos tres por lo que estaba seguro que ninguno estaba afuera, a menos que en algún momento se haya generado una brecha temporal induciendo a un problema cuántico.
Nos miramos en silencio.
- ¿Quién es a esta hora? ¿esperabas a alguien? - cuestionó Lulu primero, rompiendo el silencio.
- No... no sé.
- ¿Y si es uno de nosotros del futuro que nos viene a advertir algo?
- No seas idiota Charley, está claro que de ultima sería alguien de otra dimensión. - contesté
- ¿Cómo cómo? 
- Es así, mirá, Albert Einstein en su momento decía que--
- Perdón, digo yo - cortó rudamente Lucía - ¿y si en vez de especular tanto PREGUNTAMOS QUIÉN CHOTA ES Y QUE CARAJO QUIERE?
Ambos asentimos. Con cautela me acerqué a la puerta, como si la misma se fuera a caer abajo y una invasión de niños camporistas entraran en búsqueda de cerebros.
- ¿Quién es? - pregunté casi tímido. 
Del otro lado se oye la voz de una chica que claramente estaba haciendo un esfuerzo tremendo para no sonar desesperada.
- La vecina de en frente - contestó temblorosa.
Rápidamente volví a mirar a los chicos en la mesa, que se encogieron de hombros. 
- Ah... y... ¿qué onda, todo bien?
- Abrile la puerta, pavo. - aconsejó Lu.
Despacio abrí la puerta y me presenté, con pantalón de pijama, descalzo y con una musculosa (que antes no era musculosa) con la inscripción "Muerte a las empanadas con pasas de uva". Frente a mi una chica muy bonita de bata azul, también descalza, con lagrimas en los ojos. Cualquier filmación del hecho hubiese sido malinterpretada por el inicio de una pelicula porno.
La chica me miró e inmediatamente comenzó a balbucear, aterrorizada.
- Perdonamequetemolesteaestahoraperosememetióunmurcielago
Me reí.
- Mirá Charley, a esta chica se le rompió la barra espaciadora.
Ellos me miraron sin entender, por supuesto. No se jode con la cuarta pared.
- Se me metió un murciélago y no se que hacer.
El tiempo se detuvo. Un "chucho" de frío recorrió mi espina dorsal, erizando los pelos de mi nuca, la sangre se me heló completamente y el corazón empezó a latir como si quisiera escapar de su cárcel de entrañas. 
- ¿C... cómo?
- Se me metió un murciélago y, y... 
Ella estaba pálida. Una vez mas miré hacia atrás a mis amigos.

Era hora. Esta era mi oportunidad para romper con mi miedo. No había tiempo (ni dignidad) para llamar a nadie, mi gato ya estaba negado a pelear esta batalla por mí y mis amigos solo reían de pensar en la remota posibilidad de pronunciar las palabras "ayuda" ante ellos. Sin pensarlo demasiado e ignorando la sensación de lanzar media pechuga y un muslo, miré a los cansados ojos (FAROLES si tengo que admitir) de la chica y le cerré la puerta en la cara. 

Tranquilos, necesitaba herramientas. Botas tácticas, una vieja frazada, un casco de moto (sí, ni puta idea de donde salió) y una raqueta de tenis. Avancé, abrí la puerta y levanté el visor del casco. La miré fijo y puse mi mejor cara de asiático sospechando;
- ¿dónde esta la fiera? - pregunté con voz ronca.
La chica, sorprendida, se limitó a señalar a su departamento. Avancé, escupí y luego maldije. Escupir con un casco puesto es una estupidez cósmica.

Al entrar al departamento, observé que la distribución del mismo no es para nada igual al mio. Para empezar era mono-ambiente, lo cual facilitaba las cosas. Sin embargo no había ningún murciélago volando. 
- Ay no... - sollozó la joven. - Se tuvo que haber escondido, recién estaba--
Automáticamente la chisté.
- No hables fuerte... tienen oídos supersonicos.
Lo cual es una pelotudez aclarar ya que incluso mi tía de 93 años podría escuchar UNA SOMBRA en un departamento de tal dimensión. 
Se oye un chirrido, el clásico chirrido de guerra de los murciélagos. Él estaba cerca, podía oírlo. Podía sentirlo. Estaba asustado, tan asustado como yo. Pero no podía permitir demostrar debilidad ante mi nueva vecina. 
Di unos pasos y desde una esquina, en un montoncito de ropa TAN caracteristico de las mujeres, algo se movió. Alcé mi raqueta, amenazante. Respiré muy hondo y caminé hacia la pila.
- Cuidado - susurró mi vecina. 
Ella es tan dulce, a pesar de estar en un estado de pánico total todavía se preocup--Y DE REPENTE UNA FIGURA IRRECONOCIBLE, MÚLTIPLES COLORES VUELAN SOBRE MI CABEZA Y YO GRITO COMO LAURA CUANDO SE LE VE LA TANGA MIENTRAS ME TAPO LOS OÍDOS SOBRE EL CASCO.
Mi vecina, la cual a esta altura del partido hubiese estado bueno PREGUNTARLE EL PUTO NOMBRE POR EL BIEN DE ESTE RELATO, me miró con una mezcolanza de emociones, entre asustada, preocupada, divertida, enamorada (o eso asumo yo), hambrienta, herida, ofendida, mentira, estoy enumerando emociones que me acuerdo. 
- Es mi gatita, no te asustes. 
- Bueno ES UN POQUITO TARDE PARA ESO. Otro susto así y voy a tener que cruzar a buscar un pantalón nuevo. 
Otra vez el chirrido
Ambos miramos el techo, como si en vez de buscar un murciélago NEGRO sobre el techo BLANCO estuviéramos buscando un camaleón o... o... un... o un animal blanco, que se yo, no se, malismo el chiste.
- El hijo de puta está escondido por acá - dije, golpeando con mi raqueta las prendas de ropa que tenía colgadas en un perchero móvil.
- Ay no, ay no, yo acá no duermo. 
- Bueno, tranquilízate, vamos a seguir buscando... mas bien VOY a seguir buscando, yo. Vos no. Vos quedate ahí. ¿cómo te llamás? - pregunté, finalmente, mientras con mis ojos escaneaba la habitación.
Ahora, acá no estoy seguro de lo que me contestó, probablemente por la tensión del momento o el casco que me apretaba los oídos, pero esto es lo que interpreté;
- Verduba.
- "Vecina" está bien. ¿te mudaste hace poco? - insistí con el interrogatorio, para armar charla.
- Sí, unos meses...
- Ajam...
- Encima lo llamo a mi novio y me dice "pensá que el bicho tiene tanto miedo como vos"... estúpido sociólogo.  
Ante esas hirientes palabras recapacité y me pregunté "qué carajo hacia yo haciendo el ridículo, enfrentando mi fobia por una piba que tiene novio". Mi impulso era marcar un set con la cabeza de la piba y volver al departamento para terminar mi pollo. Pero mi corazón y sed de sangra pedían otra cosa.
Finalmente rastreé al bicho, el sonido provenía por debajo de un canasto de ropa sucia. Con la manta cubrí el canasto para evitar que el maldito ángel del infierno sobrino de Bruno Diaz saliera volando y me mutile la jeta de una patada ninja. La experiencia me avalaba. Con delicadeza quite el canasto.
- ¿Tenés un tupper?
Atropellada, sacó uno de su mesada y me lo dió.
- Dame una hoja también. 
Rápidamente destapé y ahí lo vi. La misma cara de salvaje, las mismas alas caníbales y ese pelaje negro como el mismo [ESTA ORACIÓN HA SIDO CENSURADA POR EL INADI, DISCULPE LAS MOLESTIAS OCASIONADAS]. Era el. El mismo Oscar había regresado para atormentar a otro inquilino o, quizás, sabía que yo era lo suficientemente pajero como para enfrentarme cara a cara con el mismo satanás por una vecina medianamente linda. Nos miramos a los ojos como dos viejos enemigos. Pero algo estaba mal. El no se movía, solo me miraba y emitía unos chirridos tristes. Con hierro lo toque y el se movió unos centímetros, con clara dificultad, descubriendo marcas de sangre. Lo tape con el... bueno, con el tupper, y lo contuve ahi, meditando que hacer con el. Miré a Verduba.
- ¿Vos viste a tu gata agarrarlo?
- No...
- Mañana llevala al veterinario si o si ¿tiene la antirrábica?
- Si ¿por?
- Porque sino se va a convertir en Eduardo, protagonista de una novela bien pajerta sobre vampiros homosexuales ¿cómo por qué?
- ... bueno, perdón.
Suspiré y recapacité.
- No... perdoname vos... esto es muy jodido, yo lo conozco.
- ¿eh?
- Si, es un viejo... un viejo amigo. 
Con tristeza levante el tupper con la hoja debajo y me acerqué a la ventana.
- Con esto cierro una etapa. 
Verduba miraba extrañada toda la situación, sin embargo yo estaba en otro plano, en el momento mas íntimo entre Oscar y yo. Sabía que no había nada para hacer mas que dejarlo ir, a sabiendas que solo caería al vacío. Ahorrándole dolor.
- Espero que con tus alitas encuentres el camino a casa, dulce servidor de la oscuridad, incomprendido ángel de Lucifer.

Asomé por la ventana y lo dejé caer. Salí del departamento sin siquiera escuchar las gracias de Verduba.


DEDICADO A LA MEMORIA DE OSCAR (2015 - 2015)

 

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