Tras haber sufrido un duro día de rascarme bien el uritorco (órgano vital entre los testículos y la nuca), opté por relajarme en la cama y disfrutar un poco de música de culto, por ende desempolve mi viejo VHS del dúo incestuoso; "Los Pimpinela: Live at Villa Luro 1992". Si bien la desgastada cinta deformaba un poco la imagen del LED dando la ilusión de que el cogote de Lucía Galán tenía vida propia (me gusta imaginar que antes de nacer la tipa absorbió a su hermano gemelo en un acto satanico de lujuria perversa pre-natal y ahora va por Joaquincito) se podía disfrutar tranquilamente de la venerable pista "Dímelo delante de ella".
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| El cuello de Sofía Galán, visto en un VHS |
Oreo, mi peludo gato (blanco y negro, por si no se entiende la relación gato-galletita taparterias) se acomodó entre mis piernas y contempló el abrazo entre los hermanos al final de "Solo hay un ganador", mientra Mirtha Legrand armaba pogo con los muchachos en el campo.
Todo apuntaba al cierre perfecto aquella noche y el sueño llamaba a mi puerta, recordándome las pocas horas que restaban para descansar antes de volver al laburo. Lo que sucedió después no puedo explicarlo ya que ni siquiera lo comprendo. Estimo que el bicho reconoció el videotape (se sabe que tienen buen oído, por lo tanto saben reconocer la buena música) y quiso llegar a espectar por lo menos el track final de un show palpitante. Así como quien entra un supermercado a comprar dulce de mondongo, un MURCIELAGO (al que apodé Omar) ingresó por la PUERTA de mi HABITACIÓN. En ese micro-instante la cabeza del ratón alado se convirtió en la de mi abuela y gritaba en una voz aguda:
"LA TAPA DEL TAPARROLLOS PELOTUDO, NO LE PUSISTE LA TAPA Y AHORA ES SOLAMENTE UN ROLLO, EL BOLICHE PREFERIDO DE LOS MURCIELAGOS".
Semi desnudo, salté de la cama, no por el pánico si no por... por... bueno, por el pánico. Acababa de descubrir una fobia nueva que iba mas allá de mi fobia a los globos. Aterricé en el pasillo dando una vuelta carnero (el jurado de bailando por un sueño regalaba 10es y vitoreaba barbaridades desde el placard), mientras gritaba peor que una cincuentona por el casamiento de Onur o lo que chota hagan en esa novela turca. Me congelé en el lugar como 15 minutos, dando pasitos cortos e indecisos de un lado al otro, cualquier ajeno a la situación hubiera jurado que estaba clavando la coreo del chinito ese del caballo. Mientras tanto, Oreo saltaba en la cama intentando cazar a Oscar el murciélago y, déjenme decirles, el muy hijo de puta LO LOGRÓ. En mi helada desesperación presencié el acto mas puro de la naturaleza, un gato que nunca había salido de un departamento utilizando todos y cada uno de sus instintos para cazar al hijo bastardo de Batman. El bicho cayó al suelo y logré apartar a mi peludo amigo del cuasi cadáver de una vez por todas, intentando evitar una rabia a toda costa y una explosiva escena de crimen que precise la limpieza de un equipo industrial. Con Oreo a upa intentando escurrirse por mis brazos (rajuñandome hasta el alma misma), salí de la habitación y cerré la puerta, la cual no era la opción más brillante considerando que la única vía de escape (la ventana abierta) estaba obstaculizada por el maltrecho mosquitero, dejando a Oscar atrapado en mi cuarto.
Allí estaba yo, gato en brazos pensando en como sacarlo, si sacrificarlo, si tirarlo por la ventana con la esperanza de que vuele, si llamar a sepelios, a Sara o a mi terapeuta. Oreo sin embargo, bajó de mis brazos y comenzó a rascar la puerta como si del otro lado estuviera Jerry y Piolín teniendo una furiosa orgía con Stuart Little.
Quiero remarcar lo desamparado e indefenso que me sentía; yo en calzones, temblando como un flan mal hecho, en un depto de dos ambientes con un murciélago herido de muerte atrincherado en mi habitación, la gestapo en forma de gato intentado tumbar la puerta.
Me armé de valor... y llamé a Santiago.
- ¿Mhhhñahola? - atendió mi amigo entredormido
- SANTIAUXILIONOSABESLOQUEMEPASÓ - practicamente le balbuceé la historia.
- Son... son las dos y media de la matina Simón, mas vale que tenga algo que ver con un ejercito de mapaches comunistas o algo así, bien bizarro o épico.
- Claro, bueno, algo así.
Lo escuché acomodarse desde el otro lado de la línea, seguido por un largo suspiro.
- Bien, tenés toda mi atención individida.
- Tengo un murciélago semi-muerto en la pieza.
- ... y sacalo.
Dejé escapar una risa sarcástica
- Creo que no me entendiste, HAY UN MURCIÉLAGO--
- UN MURCIÉLAGO EN TU PIEZA, YA ENTENDÍ. Ahora vas a hacer lo siguiente, agarrá una palangana.
- ¿Una qué?
- Me olvidaba que sos medio inútil en cuestiones de limpieza. El balde verde que tenés probablemente en la cocina.
- Ah... si... pensé que era un mingitorio.
- No quiero ni saber. Ahora buscá una raqueta. - propuso.
- Yo te quiero hermano, pero a veces creo que tu cerebro no termina de hacer sinapsis. ¿De qué chota me va a ayudar jugar un partido de tenis con un murciegalo? Aparte es como, anatomicamente imposible que un murciela-- AHHH PARA MATARLO.
- ...
- SOS UN HOMICIDA INSENSIBLE SANTIAGO.
- ¡Hacé lo que te digo o me retiro a soñar con Juana Viale!
- No tengo raqueta, no creo en los deportes.
Santiago dio un resoplido, incredulo.
- ¿Co... vos... uno no "cree" en los deportes Simón, simplemente los practica ¿sos pelotudo vos? - Santiago respira nuevamente - Solo... agarrá un escobillon ¿tenés escobillon? ¿o tampoco crees en la limpieza?
- Soy agnóstico.
- AGARRÁ ALGO, ALGO LARGO, ALGO DURO. Y SI LA PRÓXIMA FRASE QUE SALE DE TU BOCA ES REFERENCIA A TU PENE TE ASEGURO QUE DEJAMOS DE SER AMIGOS.
Mi decepción era mas que grande, dejar escapar un chiste tan fácil era un crimen imperdonable.
- Bien - dije - ¿es un velador un objeto largo y duro?
- ... si, bien, como sea, que se yo. - la frustración en su voz era cómica - Ahora entra a la pieza y si todavía vuela, bajalo con la lampara. Ahí mismo, cuando caiga, lo atrapas con el balde en caso de que aun pueda volar.
- ¿Y después?
- Después arrastrá el balde hasta la ventana, asegurate que las luces estén prendidas y dejalo salir. La luz lo va a espantar hacia la ventana y hasta la vista.
Corté la conversación, me encomendé a la virgen de la Guadalupe y, armado con un velador, un balde y mis calzones entré con un grito de guerra. Mi excitación y sed de sangre se apaciguó instantáneamente al notar que la plaga ya no estaba, se había esfumado como un mal truco de Cris Angel. Cualquiera se aliviaría, pero el que se alivia es un boludo porque no tiene en cuenta que la ventana de la pieza tiene mosquitero y la puerta estaba cerrada cuando lo vi caer, por lo tanto Oscar el murciélago ninja andaba semi-muerto rondando por ahi, quizas entre la ropa que dormía en el suelo o las frazadas.
Con el velador levanté DESDE LA PUERTA como quien intenta arrimar una pelota al borde de la pileta, una a una mis prendas. Sacudí las frazadas y tampoco. En cuclillas (la idea era evitar el trauma de pisar descalzo un murcielago) abrí el placard, imaginando lo cinemático de una bandada de ratas voladoras escapando de ahí, pero no, ni siquiera estaba el pasadizo a Narnia o mi esclavo Irlandés. Oreo revisaba frenéticamente hasta el cajón de la ropa sucia, cual sabueso de aduana. Pero ni rastro.
Ya habia tomado la decisión de vender el departamento y vivir en un hotel, un debil "Squeeek" llamó nuestra atención. Asustado el pequeño Oscar se aferraba al mosquitero, podía sentir los afilados comillos de Reich Oreo siendo relamidos. El bicho me miró, lo miré, nos miramos con ternura y CERRÉ LA PUTA VENTANA, DEJANDOLO ATRAPADO ENTRE EL MOSQUITERO Y LA MISMA. QUE SE VAYA A LA CONCHA DE SU PUTA HERMANA.
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| Oscar dice que no es fotogenico. |


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